jueves, 28 de mayo de 2015

¿Masificación?

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“Equidad y calidad son dos caras de una misma moneda. No es imaginable un sistema educativo de calidad en el que no sea una prioridad eliminar cualquier atisbo de desigualdad. No hay mayor falta de equidad que la de un sistema que iguale en la desidia en la mediocridad. Para la sociedad española no basta con la escolarización para atender el derecho a la educación, la calidad es un elemento constituyente del derecho a la educación”. (Preámbulo de la LOMCE)

Multitud

         La historia de La Azucarera es la historia de un instituto nuevo, con apenas nueve años de vida. A pesar de nuestro corto recorrido, creemos que es interesante que lean nuestra historia, lo que nos pasa, y lo que nos va a pasar porque pensamos que es un buen ejemplo de lo que sucede en la Educación de este país, y en esta comunidad autónoma, de forma bastante generalizada.
La Azucarera fue un instituto proyectado y construido para arrancar con cuatro vías educativas en 1º de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO). Con las ratios de aquel entonces, de 24 alumnos por clase, eso significaba comenzar con 100 alumnos, para ir sumando grupos hasta completar 4º de la ESO, lo que podía llegar a suponer un total de 400 alumnos como máximo. Una vez  implantada la ESO, lo previsto era poner en marcha el Bachillerato, a razón de dos grupos por nivel, que con las ratios del curso 2011-12, de 30 alumnos por clase, suponía incorporar, como mucho, 120 alumnos más. Resumiendo, que el instituto se proyectó para un número de unos 520 alumnos como máximo.
Y esta cifra es muy importante tenerla en cuenta porque nuestro instituto se construyó, conforme a los dictados que establecen las normas básicas en materia de educación, técnica constructiva y seguridad, para este número de alumnos. Todo, absolutamente todo, desde las aulas hasta los accesos, pasando por los pasillos, el patio escolar o las instalaciones básicas de uso compartido (biblioteca, laboratorios, aulas taller, polideportivo, vestuarios, sala de usos múltiples, cafetería o baños) fue concebido y dimensionado de forma muy ajustada para este número de alumnos.
A fecha de hoy el IES La Azucarera tiene 819 alumnos matriculados, muy por encima de su capacidad. Imaginen el funcionamiento de cualquier cosa que trabaje un 57,5 % por encima de su capacidad normal (tomando como referencia la cifra de 520 alumnos). Y no de forma puntual, sino que se ha llegado al momento en que lo excepcional se pretende que se convierta en normalidad.
Pues eso mismo es lo que pensamos los profesores de este instituto. Imaginen el autobús en el que van con un 57,5 % más de pasajeros de los permitidos. Piensen en cualquier otra cosa: el tranvía, la tienda, el cine, un estadio de fútbol. ¿Tal vez un bar situado en zona de marcha de éxito a las 03:00 de la mañana? ¿Esa es la idea que ha servido como referencia de lo que se considera óptimo?
Si el número de vías previsto en 1º de la ESO era 4 y ahora tenemos 6, ello ha terminado desembocando en 44 agrupamientos entre ESO y Bachillerato en el presente, resultado de la suma de grupos ordinarios (21 grupos en ESO y 6 grupos en Bachillerato) más todos los agrupamientos necesarios para tratar la diversidad creciente del alumnado (PAB, Programa de Diversificación, Grupos Flexibles, Desarrollo de capacidades) o Bilingües.
Este incremento ha ido acompañado por los ajustes/recortes educativos  lo que se ha traducido en una serie de medidas que no han hecho más que complicar y deteriorar la práctica docente en general, y la de la escuela pública en particular. Simplificando mucho podríamos decir que estos ajustes/recortes se han traducido en:
1.-Más alumnos en cada grupo. Así, la ratio por grupo  en la ESO es de 30 alumnos, el máximo legal permitido, un 25 % más que antes de los ajustes/recortes educativos. Y en Bachillerato la cifra es de 35 alumnos por grupo, ampliable hasta 37 en caso de necesidad  lo que supone un 23,3 % más. Por lo tanto, más grupos y más llenos. Esta realidad hace que las instalaciones estén hoy por hoy saturadas, Valga, como ejemplo, algunos casos del día a día:
Ö        Se han tenido que habilitar como aulas espacios no previstos para este fin —almacenes, talleres—.
Ö        Hay aulas que no cumplen el mínimo legal de un metro cuadrado por alumno, o en las que el porcentaje de luz natural no responde a lo exigido para pasar en ella jornadas lectivas de 6 horas.
Ö        El espacio y número de  vestuarios (2)  del gimnasio son más que insuficientes.
Ö        La biblioteca sólo tiene capacidad para 70 alumnos sentados, menos del 10 % de los que están escolarizados.
Ö        No hay ninguna actividad conjunta que se pueda celebrar en la Sala de usos múltiples, porque sólo está pensada para 100 alumnos.
Ö        A mayor número de alumnos, menos posibilidades de acceso a aulas específicas, como laboratorios o salas de informática, a día de hoy  ya insuficientes.
Ö        Los espacios destinados a profesores (departamentos o sala de profesores) también se han quedado pequeños.
2.-Más carga lectiva directa para los profesores. Y para trabajar en esas condiciones, menos profesores. El incremento de ratio por grupo y de docencia directa (tres horas más por profesor) ha supuesto que el cupo de profesores,  tanto fijos e interinos como a tiempo completo o parcial, haya pasado de
73 profesores en el curso 2011-12, con 711 alumnos, a
66 profesores en el curso 2014-15  con 819 alumnos.
Y aunque este aumento de horas ha ido acompañado de mucha demagogia social, política y profesional (“porque trabajen un poco más no pasa nada, que para eso tiene muchas vacaciones”, “en mi época había 45 alumnos en clase”, “se pide un esfuerzo a la comunidad educativa para sacar adelante esta difícil situación”), lo cierto es que las horas se las han quitado a ustedes.
3.-Menos horas docentes fuera del aula para dedicarse a atender a los alumnos y a las familias. Como acabamos de apuntar las horas se las han quitado a ustedes. Sí, a ustedes,  a las familias,  a los padres y a los alumnos porque la dedicación a temas clave como tutorías, gestión de conflictos, seguimiento de la marcha escolar, orientación y otros, se han reducido drásticamente, deteriorando la calidad del servicio en la escuela pública. En nuestro centro, en este curso escolar, el número de horas retirado de este apartado para destinarlas a docencia directa ha sido de algo más de 200. Esta cifra, aplicando la dedicación anterior de 18 horas lectivas directas, equivale a 11 profesores menos de los que serían necesarios para una gestión normal del centro.
Y esta combinación de factores tiene consecuencias directas en la convivencia dentro del centro. La suma de más alumnos, instalaciones muy por encima de su capacidad, menos profesores y menos horas para gestionar los temas relacionados con la marcha del centro, han traído consigo un deterioro de las condiciones de trabajo, tanto de enseñanza como de aprendizaje.
Entre el profesorado tenemos la sensación de no llegar a nada y de tener que paliar una situación de sobrecarga lectiva con más dedicación de nuestro  tiempo personal, al tiempo que los problemas y la conflictividad crecen y terminan repercutiendo en la marcha del centro y el aprendizaje de los alumnos.
La Azucarera no es un centro conflictivo, incluso muchos le otorgan la etiqueta de ser un buen centro a este respecto, a pesar de contar con una realidad social muy heterogénea, pero lo cierto es que comparando las estadísticas del curso pasado con las del actual, el número de incidencias (observaciones, amonestaciones y expulsiones) en lo que va de curso ha crecido de forma significativa.
En este sentido, consideramos que un mínimo incremento de alumnos, en instalaciones que están saturadas, redunda de forma automática en un  aumento porcentual de la conflictividad por encima del crecimiento de alumnos.
Hay que tener igualmente en cuenta que las nuevas herramientas suministradas por la administración para la gestión de los centros,  tales como el SIGAD, también han influido en la marcha de los centros de tal manera que en lugar de simplificar el trabajo lo han complicado. Algo hasta ahora tan simple como la consignación de incidencias, pasar lista al comienzo de clase, o la comunicación on-line con los padres  (que sigue sin estar activada), se ha terminado convirtiendo bien en tareas arduas y lentas, que complican el desarrollo de las clases, bien en tareas irrealizables por limitaciones técnicas.
Y en este punto, en este año en el que La Azucarera ha aparecido en los medios de comunicación varias veces en el centro de varias controversias sobre la escolarización en la zona educativa, la adscripción o la demanda vecinal de su ampliación, ¿qué es lo que va a pasar a nivel educativo? Pues todo tiene visos de empeorar sensiblemente.
La supresión este año  de la baremación para asignar las vacantes  a los alumnos procedentes de Primaria en cualquier centro de la zona educativa deja al albur de los alumnos y de las familias el hecho de cursar o no sus estudios en los centros públicos elegidos. Esto, que puede ser presentado a los padres como una gran ventaja, va a tener consecuencias inmediatas en  estos centros, y en particular en el nuestro.
Actualmente las previsiones para el próximo curso podrían ser de entre una y cuatro grupos más si tenemos en cuenta los alumnos nuevos de 1º y el incremento interno de nuestros grupos.
Esto implicaría una ampliación de entre 30 alumnos (hipótesis mínima, sólo una vía más en 1º de la ESO) y 105 alumnos (hipótesis máxima, con cuatro grupos más), lo que supondría llegar a una cifra aproximada de entre 850 y 925 según escenarios posibles
¿Y qué se oferta para tener a los alumnos matriculados cerca de su casa? Pues para gestionar este posible, casi probable, incremento de alumnos, se ofertan medidas provisionales, esto es, barracones escolares.
¿Y el resto de instalaciones comunes? ¿Cómo se dimensionan? Es decir, para dar respuesta a la demanda de forma urgente, y mientras se piensan soluciones (¿planificación, ¿previsión?, ¿coordinación?,¿ dónde queda todo esto? ¿alguien pensó en todo esto?), lo que se plantea es que un centro pensado para poco más de 500 alumnos, y que ahora tienen 819 alumnos, pase a tener 925.
Nos parecía poco que una instalación trabajase forzada por encima de su capacidad física en un 57,5 %que para solucionar demandas perentorias fruto de la mala planificación educativa de los diferentes equipos de gobierno que han pasado por el Gobierno de Aragón a lo largo de los últimos 15 años, la ponemos a trabajar un 78’9 % por encima de su capacidad real.
Ante ese número de alumnos, el plan de evacuación resulta insuficiente y probablemente incurriríamos en la ilegalidad al incumplir las mínimas normas de seguridad de los espacios públicos.
¿Alguien se ha parado a pensar que esos alumnos pasarán a otros cursos y que, por lo tanto, en un horizonte breve de dos años, volverán a hacer falta nuevos espacios? ¿La solución es convertir La Azucarera en un macroinstituto? ¿Se baraja en alguna instancia administrativa la posibilidad de que el centro pueda llegar a una cifra próxima a los 1.100 alumnos, sin llevar a cabo obras de ampliación, y todo con instalaciones provisionales? Alguien debería dar respuesta, y urgente, a estas preguntas, antes que la fuerza de los hechos la hagan innecesaria.
A estas alturas, la idea del bar abarrotado que planteamos al principio parece una broma de mal gusto, y la imagen de un campo de trabajo con obreros hacinados comienza a cobrar visos de verosimilitud. Ya sabemos que la imagen es forzada, incluso un poco demagógica, pero hay que acudir a imágenes fuertes para golpear la sensibilidad un tanto indiferente y adormecida de la sociedad.
En una época en la que las directivas comunitarias de bienestar animal abogan porque las explotaciones ganaderas dimensionen sus espacios para que los animalitos gocen de más espacio y más confort, ¿nosotros nos vamos a conformar con que nuestros hijos estén cada vez más apretados y en peores condiciones de estudio y trabajo? Algo estamos haciendo rematadamente mal como sociedad cuando la respuesta parece que deba ser afirmativa, por la gravísima crisis, por la responsabilidad profesional mal entendida, o porque las circunstancias y la mala planificación de las instancias políticas nos hayan llevado a ello.
Al final, que el alumnado pueda estudiar en el centro más próximo a su casa parece ser el objetivo, aunque lo haga en barracones provisionales y con unas instalaciones insuficientes y saturadas. Y ante esta realidad de hechos consumados, como docentes, por lealtad a nuestra vocación, a la sociedad, e incluso a la propia institución a la cual nos debemos,  tenemos la obligación de decir que lo que en otros centros de la zona ya ha pasado (la masificación, la precarización, la provisionalidad, la improvisación chapucera), en La Azucarera está pasando y va a acentuarse de forma drástica en los próximos dos años.
 Por todo esto tememos que nuestro instituto acabe convirtiéndose rápida e irremediablemente en un centro donde la labor docente quede reducida a la gestión de situaciones conflictivas, en vez de ser un lugar donde eduquemos y formemos ciudadanos e individuos preparados para la vida adulta, que es lo que se supone que debe garantizar la educación pública.  

Claustro de profesores del I.E.S. La Azucarera (Zaragoza)
26 de mayo de 2015

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